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"Tatuaje. Sí, no, no sabe, no contesta", per Antón Miralles

| Antón Miralles | Opinió
"Tatuaje. Sí, no, no sabe, no contesta", per Antón Miralles

Una xica mostra els seus tatuatges | Font: Pixabay

Desde que moro (del verbo morar, habitar) en este fantástico pueblo, soy de natural observador y tampoco me cuesta gran cosa fijarme en el asunto del tatuaje. Permítanme entrar en el túnel del tiempo, volver a 1976, enero, recién fallecido Franco, cuando la Patria ni siquiera me preguntó si la quería defender. Lo que les hubiera respondido me hubiera metido en un buen lío. La Paloma de Transmediterránea, el ferry que llevaba carne de cañón a Ceuta, sitiada por las huestes de Hassan II, con un tufo a enfrentamiento con bastantes bajas (luego no pasó nada, por suerte, España entregó el Sahara al moro alauita (Hassan II) y casi todos, excepto los saharahuis, contentos.

Bu craa, la mayor y mejor mina de fosfatos a cielo abierto del mundo nunca dejó de cargar barcos hasta los topes en el pantalán de "El Aaiun". Resulta que allí me tienen, soldadito de a pie del arma de Ingenieros, conociendo mundo y viendo la colección de tatuajes (pleno mes de marzo, hacía fresquillo en 1976) de una nueva tribu urbana de la que yo, bilbainito, sólo había oído hablar en tertulias de amigos. La tribu urbana en cuestión recibía el título desde que fue fundada por Franco y Millán Astray, de "La Legión". Toda una institución, uno de cuyos lemas más famosos es: "Legionarios a luchar, legionarios a morir" estaba formada por "caballeros" inquietantes, a los que no se les pregunta en ningún momento por su pasado, ni por su futuro.

Dan por hecho que dar la vida en combate no es un asunto que se discuta. Las temibles patrullas de la PM, (la Policía Militar), auténticos armarios roperos, se lo pensaban muy mucho a la hora de arrestar a un "Lejía" que así se llamaba a los miembros de la Legión. Si había incidentes, y arrestos, se daba por hecho que iba a haber "ahondonadas de hostias" como sentó cátedra el personaje de Manuel Manquiña en "Airbag" película de culto de Juanma Bajo Ulloa, Pazos, narco gallego chusco, impagable.

Nunca entendí la cantidad de tinta ¿China? que formaba parte del "uniforme" de todo "lejía" que se precie. Creían que las balas no iban a entrar a través de la tinta? El mismo "comandantín" (Francisco Franco) recibió un "pacazo" (tiro de francotirador rifeño) en salva sea la parte, que al final no le impidió fecundar a su beata esposa. Por lo que toca al otro fundador del Tercio (de extranjeros) como fue denominado en un principio, en claro homenaje a su casi homónimo galo, en el museo de La Legión que hay en Ceuta, se anuncia en un cartel en la misma entrada, que una de las atracciones de dicho museo es el "ojo enucleado" de Millán Astray. Una “atracción” de dudosísimo gusto para el espectador. Supongo que el brazo amputado así como la pierna correspondiente, en aquellos tiempos no pudieron ser debidamente enucleados, por motivos obvios de tamaño.

Vuelvo del túnel del tiempo a la montaña alicantina (Biar) a punto de comenzar el verano [l’article s’envia el 30/05/2022], donde las jovencitas, y las no tan jovencitas, pasean sus tatuajes (seguro que sus broncas les habrán costado) por las calles del pueblo. No me da verguenza decir que les miro a todas (estoy seguro que no les sienta mal) pues hoy en día es un símbolo de poderío "económico" (mira lo que me ha costado el garabato) y he visto gente de mi quinta, incluso mayores, tatuados de "aquella manera". Padres, madres, niños incluso.

Que se "enrede" uno con una joven, o no tan joven, y descubra que no lleva decoración extra para mí sería un fenómeno chocante. Me imagino la cantidad de críticas que puedo recibir si hay comentarios en pro del tatuaje y en contra de este "desubicado" que nunca se tatuó, ni lo hará, pues soy alérgico a la tinta. Tanto a la de los malos escritores como a la de los pintores de pieles ajenas. Se abre el turno de réplica. Tengo para todos (aviso).

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Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector empedernido, viajero entusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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