"Visita no deseada?", per Antón Miralles

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"Visita no deseada?", per Antón Miralles

Font: Pixabay

Bona nit per a tots. Hace unos cuantos lustros, cuando algunos de mi generación comenzaban a cometer matrimonio y, en consecuencia, volaban del nido familiar para establecerse con su mujer o compañera en el nuevo hogar, visitamos (otro amigo y yo) el nuevo hogar de Federico, Fede para casi todos. Se trataba de un piso de reciente construcción en el bilbaíno barrio de Santutxu, sobre el Casco Viejo de Bilbao, constituyendo una ciudad dentro de otra ciudad más grande (Bilbao). El piso era todo lo acogedor que puede ser un domicilio de una pareja de recién casados, con todos los utensilios y muebles habituales y necesarios. Salvo por un detalle digamos que un tanto especial.

Se trataba de un recipiente de cristal, de 1 m de largo x 60 cm de ancho y 60 cm de alto. La base tenía tierra, algunas piedras, una especie de "bonsái" y varios habitantes de la especie de los reptiles. Unas culebras pequeñas. Pongamos que de unos treinta cm de largo. Bien alimentadas aparentemente y, en el rato que yo estuve, durmiendo una siesta. Una tapa superior cubría el recipiente con agujeros que permitían la entrada de aire pero no la escapatoria de las culebras. No tardé en interesarme por el tipo de bichos que allí estaban, si eran venenosos, etc... No parecían serlo, pues el bebé que echaba la siesta en una esquina del salón estaba bien seguro, dados los cierres del serpentario, que así se deben llamar estos recipientes. Cuando le pregunté por la seguridad de su hijo allí presente, la respuesta fue inquietante, como poco: "Cuando viene una visita no deseada, destapo parcialmente el serpentario. No pueden salir. Ya lo tengo controlado. Mi hijo está cerca. Pero la visita ha visto el tipo de inquilinos de la caja, y sin pensárselo mucho, recuerdan una visita o recado o encargo que tenían en muy poco tiempo, y salen como alma que lleva el diablo". "Eficaz"? Hay que tenerlos bien cuadrados. Nunca me van a encontrar un recipiente con bichos de esos en mi casa. Si vienen, como mucho, un perro aparentemente feroz. Que ahuyente a las visitas no deseadas. Sin infartos o dentelladas. "O temporas, O mores" Traduciendo de aquella manera el dicho latino: "Cómo cambian los tiempos", "Oh sielos" (decían en los doblajes -portorriqueños de los telefilms de los años sesenta).

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Antón Miralles

Bilbao, 1954. Resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro Antondecenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector empedernido, viajero entusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósito es entretener, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.

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